Los reportajes periodísticos de ‘Salvados’, el programa de televisión de Jordi Evolé, ya sean de entrevistas o de investigación se esfuerzan por ofrecer algo diferente, ya sea por el enfoque del tema o la realización.

Por ejemplo, en el cara a cara entre Doña Desprecio Hasta el Infinito y Más Allá –léase con acento salmantino y tono cansino- y Doña Soy Algo Más que Una Tendera –con acento catalán, eh, tú- se inicia por el final, con las dos comentando por teléfono el acto que se ofrecerá a continuación.

O en el último emitido sobre un cura pederasta con el relato explícito –el hecho diferencial- del hombre sobre los abusos sexuales cometidos hacia él cuando era niño por parte del pervertido cura –católico, de los del vaticano-, que llegaba de madrugada a su cama, se arrodillaba, empezaba a tocarle, le masturbaba; si el niño se daba la vuelta le tocaba el culo, introducía, el cura, su dedo por el ano, mientras, el cura, se masturbaba. Y como remate, se ponía en pie, el cura, y eyaculaba sobre el niño. Así, las noches que quería el cura. También lo hacía con el hermano de este niño, que de mayor ha denunciado los hechos, este terror (luego, que los zombies o saw dan miedo).

Esto sucedía en un internado regido por curas en La Bañeza (León), donde el cura estuvo dos-tres años, a finales de los 80, hasta que le mandaron de párroco a Tábara (Zamora), donde se retiraría, el cura, en 2014. Sin incidentes de pederastia, que se sepa.

Y hasta el pueblo zamorano se traslada ‘Salvados’ para conocer la opinión de sus moradores, de estos aún santos inocentes, como les calificó Miguel Delibes en la novela del mismo título que publicara en 1981, y fue llevada al cine por el artesano cántabro, Mario Camus, tres años después.

En 1975, Pier Paolo Pasolini había dirigido ‘Saló o los 120 días de Sodoma’, adaptación de la novela del Marqués de Sade, que el director italiano lleva a los días finales de la ocupación nazi en Italia. ¿Habría barajado Miguel Delibes la posibilidad de hacer un ‘Saló’ de/en la Castilla franquista, y que tan bien conocía, cuando le daba vueltas a lo que después sería ‘Los santos inocentes’? Habrá que preguntarlo en el próximo simposio de la Fundación Miguel Delibes sobre el escritor.

Podemos imaginar la respuesta, conociendo la trayectoria novelística del autor. Se podría añadir algo sobre que era época de la Transición-inicio de la democracia en España después de la dictadura de Franco: restañar heridas... Y ahora ¿se podría hacer un ‘Saló’ sobre aquellos tiempos, que bien podría abarcar también a otras regiones del país: Castilla la Mancha, Extremadura, Andalucía…?

Delibes absolvió a los inocentes de sus posibles malos pensamientos sobre quien les había tenido humillados durante décadas –y más atrás-; los pervertidos –la manzana podrida que siempre hay, según expresan los dueños de los inocentes- fueron castigados, la la land bonita.

8.15 horas de la mañana. Salgo al balcón a fumar –¡después de desayunar!, fume con responsabilidad-, veo mujeres camino del trabajo también fumando ¿castigándose desde primera hora?; a lo mejor ya han empezado antes, como aquella enfermera que contaba a sus compañeras, cerca de la entrada del hospital en la pausa del mediodía, que ella antes de ir a trabajar se fuma tres o cuatro cigarros, “seguidos, bueno, no muy seguidos, sino, uno dos tres….”.

¿Es alguna forma de exorcismo este fumar? ¿qué se lleva el humo que exhalamos? ¿es nuestra ofrenda a la santa inocencia? ¿nos oculta de algo? ¿para confundir a la muerte, como decían los indios americanos, y que no se te lleve? –ellos fumaban en ocasiones especiales; nosotros, habitualmente, lo cual cambia el sentido del fumar: simbólico, el indio.

Me decía un hombre, ya mayor, echado de la habitación del hospital donde estaba internada su esposa, harta de lavar las cortinas de su casa por el olor a “tabaco”, al expresar su intención de bajar a fumar un cigarro, que, como si fuera un secreto, “esto –el tabaco- es lo que me sujeta a la vida”.

Conviene probar a dejar de fumar y así conocer lo que pasa, lo que te produce el no hacerlo, ese/esos puntos intensos de ganas de fumar que te asaltan, y duran ¿uno, dos segundos? Y luego, nada. No (te) pasa nada (Hay una recompensa en el dejar de fumar, que alguien se alegre, porque te quiere; las cortinas también lo agradecerán).

 

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