El pasado domingo tuvo lugar lo que podría ser una nueva agresión tránsfoba en Valladolid. Alrededor de las 6:30 de la mañana, en las puertas del centro comercial Vallsur una persona había recibido una brutal paliza. Según algunos medios de comunicación, la persona agredida era un varón que vestía ropa de mujer e ingresó en estado muy grave en la UCI del Hospital Río Hortega. Además, según la Subdelegación del Gobierno en Valladolid, un menor se entregó en la comisaría alegando ser el autor de la paliza. La policía está investigando si la causa de la agresión fue un posible delito de odio por la identidad de género de la víctima.

La persona agredida, cuya identidad todavía no ha sido revelada por la policía, lleva 3 días inconsciente y por ello no se le ha podido tomar declaración. Pero, a pesar de ello, desde el domingo varios medios de comunicación, sin saber quién es ni poder preguntarle su identidad de género, ya han afirmado en sus titulares que se trata de “un hombre vestido de mujer”, y se lleva la palma El Mundo, que lo califica como un hombre “disfrazado”.

La prensa rancia parece seguir sin entender que el sexo es una cosa (conjunto de características biológicas) y el género es otra distinta (constructo social, identidad autodeterminada) y sin tener más información de la persona automáticamente establecen la relación pene = hombre. Pero vamos a ver, pensemos con un mínimo de lógica: va vestida de mujer, no es Carnaval, ni Halloween, ni iba de fiesta de disfraces con un grupo de amigos. ¿Qué les hace pensar que es un disfraz?

Tan rocambolesca les parece la posibilidad de que existan las mujeres trans, o las personas no binarias que se visten como les da la gana, que cuando les llega la noticia a la redacción prefieren inventarse datos que no tienen. Porque solamente la víctima, que está inconsciente, les puede decir si es un hombre, una mujer o ninguna de las dos, y si iba disfrazada o es la ropa que se pone todos los domingos. Falta mucho por concienciar, por educar y por avanzar en todos los ámbitos de la sociedad, también en las redacciones de muchos medios de comunicación.

Tratar con dignidad y con respeto a la víctima de una paliza que está hospitalizada en estado muy grave también pasa por no presumir su identidad de género, que, dadas las circunstancias, lo más seguro es que no sea cis-hetero-normativa. Ojalá la persona agredida pueda despertar pronto, dar su declaración y, si quiere, explicarnos si se identifica como hombre, mujer, no binaria, crossdresser, genderfucker… o con ninguna etiqueta porque no le apetece etiquetar su género. Mientras tanto, siempre nos quedará la muy versátil, neutral y maravillosa palabra comodín: “persona”. Que es lo que somos todas.

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