“Somos de barrio” declaraba la canción de un grupo noventero de mi barrio, Imperativo Legal, donde tocaba Jesús Tabarés -mítico amigo- y la panda de chavales que gritaban -melena al viento- su orgullo de haber nacido en Los Pajarillos. La antítesis de los modelos televisivos reinantes.

La libreta de servidora ha andado los últimos meses enfrascada en una interesante labor de investigación. Bajo la batuta de la directora escénica Nina Reglero, mi vocación de contadora de historias ha focalizado en los barrios como motor de cultura.

Así, he revisitado la labor de los vecinos en La Huerta sin puerta de La Vito de la mano de José Antonio García “Petu", ecología y rebelión ciudadana ante la dejadez del anterior edil pucelano. He descubierto con la ayuda de José Andrés Herranz que a un barrio le podrán robar todo menos las letras, la biblioteca Entrelíneas del barrio España así lo atestigua. He paseado por los recuerdos de Javier Carballo, rondillero hasta la médula y personaje sin par. He conocido ese proyecto increíble, que ya merece laureas a nivel nacional y orquesta Alberto R. Bertoni en el colegio público Cristóbal Colón, mi cole de niña, un lugar donde la convivencia entre culturas es una realidad. Allí se baten el cobre un equipo de maestros para que la integración no se quede en una pincelada bonita dibujada en el Proyecto Educativo del Centro. Asímismo, he revivido los inicios de la cultura urbana en Pucela, ¿Recuerdan esos chavales que movían el esqueleto bajo unos soportales enfrente de la vintage Galerías Preciados? Pues uno de ellos, Alfonso Loopy, ha relatado su “aventura break” para mí. También me he apasionado con la historia de Diana Villalobos y Carlos Ballón “Littos”, dos chavales de ahora, de esos que “no hacen nada por el mundo blablablá…”, y su profesionalidad al frente de la escuela de danzas urbanas “Fresas con nata”.

Y, lo más importante y kármico para mí, me he reencontrado con mi barrio de origen de la mano de Charo Gutiérrez de la Asociación Vecinal La Unión, que ha sido una excelente cicerone por la historia pasada y presente de Los Pajarillos. Señoras y señores: amo las 67 aves que dan nombre a nuestras calles.

Finalmente no saldrán todos en “la foto” –en el fragor de mi apasionamiento escribí material como para hacer una trilogía del barrio- pero sí quisiera destacar que han sido fuente de inspiración y relato.

Nuestro proyecto teatral, pronto sabrán de él, puesto que la compañía Rayuela lo llevará a escena. Tengo que confesarles que ha sido un privilegio poder escribir esta obra. Me he quedado tan a gusto después de teclear “BREAKIN BARRIO”, mi declaración de amor a los barrios, a la gente que los llena de vida y de historias en ocasiones nada fáciles pero que siempre caminan hacia delante. Héroes de barrio, sí señor.
Los príncipes de Dinamarca y los Maquiavelos quedan lejos. Como público estamos necesitando historias que enganchen desde la veracidad, sin tanta pirotecnia o artificio escénico.

Hace unas semanas asistí a la Ciudad imaginada, interesante laboratorio ciudadano. Sentada en la mesa de trabajo de la comisión Pajarillos Educa, en donde trabajan mano a mano las instituciones educativas, sociales y la propia asociación vecinal de Los Pajarillos, compartí ideario con personas vinculadas al barrio y me di cuenta de que verdaderamente algo está cambiando. Hay un pálpito social, una iniciativa por sacudirnos el sambenito –injusto como todos- de Valladolid como ciudad acomodaticia, provinciana y obsoleta. Esa incómoda pegatina que en cada uno de mis viajes intento quebrar con mi espada de aguerrida pucelana.

Allí, fui testigo del genuino interés de nuestro alcalde por este maravilloso impulso articulado en el seno de la Red Pajarillos, entidad que engloba a todos los agentes sociales del barrio, inmersos en un proceso regeneración sin posible marcha atrás. Tal y como decimos en la obra: “El barrio parecía no reconocerse a sí mismo”.

Pues bien, considero que la ciudad tampoco y, les confieso, me fui para casa esperanzada -como buena idealista que soy- al ver que no todo está perdido, que hay personas que creen en la transformación social, en la solidaridad humana, en todos aquellos valores que -como trabajadora social- defiendo en mi labor diaria.

Estos latidos que hacen de este mundo un lugar más amable y habitable. Valladolid, Pucela, mi querida Pucela, se lava la cara y se pone bonita y progresista y, esta vez,.…¡SÍ NOS LO PERMITEN!

Pd. Para finalizar, una curiosidad. Empecé a teclear esta obra de teatro en Baeza, muy cerquita del aula dónde Antonio Machado fue profesor y, ahora, a punto de finalizar su escritura, he visitado su tumba en Colliure. ¡Ojalá el espíritu de la Poesía sobrevuele nuestra creación!

La respuesta la tendrán los próximos 28, 29, 30, 31 de enero y 1 de febrero en la Sala Concha Velasco del LAVA. Allí probaremos el espectáculo con jóvenes de Educación Secundaria de centros educativos de Valladolid. Los espectadores “del futuro” son un barómetro perfecto para comprobar si hemos hecho bien nuestro trabajo. Magari!

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