Los análisis sociológicos nos muestran claramente que cada vez que se celebran elecciones al parlamento europeo, la ciudadanía europea se muestra cada vez menos interesada en lo que nuestros políticos europeos pretendan hacer con nuestras vidas los próximos cuatro años. En los pueblos de Europa cada vez se tiene una percepción más clara de que las instituciones europeas son profundamente burocráticas, obedecen a una lógica de actuación neoliberal y globalizadora y por si fuera poco tienen una escasa representatividad democrática. Sin embargo no es menos cierto que nuestro estado, como otros veintisiete más (pendientes de que el Brexit se materialice algún día), pertenece a una organización supranacional, La Unión Europa, cuyas medidas legislativas nos afectan cada día más.

No somos soberanos en política monetaria o en política comercial por ejemplo. En otras materias, como pueden ser la cohesión económica y social, la cooperación para el desarrollo o el medio ambiente, los márgenes de actuación de nuestros políticos son cada vez más escasos, de ahí que, aunque no nos guste lo que nuestros políticos de Bruselas pretenden hacer con nosotros, no se puede ser indiferente a lo que salga de las urnas el próximo 26 de Mayo.

Ciertamente el parlamento europeo es todavía más una cámara de representación de los estados que de la ciudadanía de todos y cada uno de los estados miembros. Que la Unión Europea está todavía muy lejos de ser una entidad federal verdaderamente democrática es una certeza. Básicamente ha respondido en su configuración institucional a los deseos de constituir un club selecto neoliberal, tal y como así lo dispusieron los padres fundadores de la construcción europea. Jean Monet, uno de los fundadores del proyecto europeo, fue un financiero ambicioso que se dio cuenta de que al gran capital le convenía más una Europa unida que fragmentada en muchos pequeños estados en guerra continua entre sí.

Hoy el proyecto de construcción europea está en crisis. Por un lado se presenta como un proyecto claramente alineado en favor de las élites económicas, con muy poca sensibilidad a las demandas sociales de la ciudadanía, como puso de manifiesto la crisis griega. Por otro lado, hay hoy en día un resurgir de los movimientos nacionalistas en Europa que reclaman una vuelta a los postulados del estado nación soberano, tal y como lo concibió Jean Bodin a mediados del siglo XVI: como un estado fuerte y que reclama para sí el monopolio del poder político.

Estos movimientos nacionalistas, VOX; Fidesz en Hungría, AfD en Alemania o el Front National francés quieren hacer descarrilar el proceso de integración europea para recuperar una idea conservadora de Europa, cerrada al multiculturalismo, la migración y a la solidaridad entre el Norte y el Sur de Europa.

Básicamente la distinción entre izquierda y derecha no tiene demasiada virtualidad en Europa. Los tres principales grupos políticos de la euro cámara; La alianza progresista de socialistas y demócratas, el partido popular europeo y la alianza de los liberales y los demócratas por Europa, básicamente comparten, con muy pequeñas diferencias, la misma visión de una Europa partidaria de la economía neoliberal de mercado, la globalización comercial y una política de gestos que no de hechos en materia migratoria.

Traducido al caso español, pese a lo que dicen ahora en campaña, PSOE, PP y C’s tienen básicamente la misma idea sobre el proyecto europeo. Sus diferencias son de grado cuantitativo, y su “enfrentamiento electoral” es más cosmético que político, y hay que leerlo en clave puramente nacional, con vistas a sus respectivos intereses partidistas.

Otros grupos del parlamento europeo, como pueden ser los Verdes, La izquierda unitaria de Europa o la extrema derecha, dividida en varios grupos parlamentarios, son los que oponen un modelo distinto de Europa.

Uno, el de la izquierda radical, basado en el feminismo, la protección del medioambiente y la cohesión social.

Otro el de la extrema derecha basado en la xenofobia, el euroescepticismo y la vuelta a los valores de principios del siglo XX. Una Europa mucho más cercana en definitiva al sueño del intelectual francés de extrema derecha Guillaume Faye, fallecido el pasado mes de Marzo, de un “renacimiento faústico” basado en el militarismo que constituya un eje “euroasiático” que se contraponga al poder militar de los Estados Unidos. Una Europa que no sea ni capitalista, ni socialista y en el que cualquier elemento cultural ajeno a la tradición cultural de los países europeos sea desterrada del abecedario político europeo.

Estas dos visiones sobre Europa, una como solución y otra como problema, han estado presentes en el pensamiento político español también, al menos desde la controversia que Unamuno y Ortega y Gasset sostuvieron a cerca del encaje de España en Europa. Una mirada, la de Unamuno, que reivindica el carácter ya Europeo de España, su decisiva contribución a la formación de la identidad cultural del continente. Otra mirada, la de Ortega, que contrapone a la atrasada España el ideal europeo.

Para Ortega los males de España se derivan en último término de no haber sabido captar las innovaciones técnicas, culturales y científicas del continente, y cuyo atraso justifica situarla más cercana al continente africano.

Gustavo Bueno en su obra España frente a Europa, formulado durante su segunda época de claros contornos conservadores, se posiciona claramente contra Ortega e intenta presentar el ideal de Europa, como epítome del progreso, como un mitema, reivindicando la idea de España no en una visión sustancialista, tipo el ideal joseantoniano de la comunidad de destino, sino como una realidad dinámica en construcción que no tiene que sentirse inferior a la identidad europea, que ya conforma.

Con este trasfondo intelectual se presentó el debate en RTVE de las nueve principales formaciones políticas (PP, PSOE, C’s, Unidas Podemos, Ahora Repúblicas, Compromís, Lliures per Europa, Coalición por una Europa solidaria y VOX) que concurren a las elecciones del próximo 26 de mayo. El formato diseñado por RTVE pretendía, tras una serie de controvertidas decisiones de la Junta Electoral Central, garantizar la mayor pluralidad con un formato pensado para que se desarrollaran intervenciones breves y para que hubiera turnos de réplica y contra réplica entre los diferentes participantes. El objetivo se logró, en buena medida gracias a la labor del moderador Xabier Fortes quien administró a la perfección los tiempos, permitiendo a los diversos participantes replicar las intervenciones de los otros candidatos.

El debate fue aprovechado por los candidatos de las coaliciones nacionalistas, en especial el vasco Gorka Knorr (Lliures per Europa ) y el representante catalán Jordi Solé (Ahora Repúblicas) para poner sobre el tapete la anomalía democrática del estado español que no permite que dos candidatos, Oriel Junqueras y Carles Puigdemont puedan estar presentes como cabezas de lista de las dos coaliciones anteriormente mencionadas.

Frente a una Europa democrática, plural y diversa, tanto Knorr como Solé pusieron como ejemplo a España de país autoritario, que como “ Turquía tiene presos políticos en sus cárceles”. Esta alusión al denominado juicio al procés, que se está llevando a cabo ante el Tribunal Supremo estos días, copó buena parte de las intervenciones durante el debate y suscitó las airadas reacciones de los candidatos Josep Borrel ( PSOE), Luis Garicano (C’s) y Jorge Buxadé ( VOX).

Jordi Solé afeó al candidato Luis Garicano que C’s, un partido que fue en coalición con la extrema derecha irlandesa a las elecciones al parlamento europeo hace diez años, diera lecciones a ERC, “un partido de gran tradición democrática “, sobre democracia o respeto a los derechos humanos. Otro tanto aconteció cuando el candidato de VOX, el señor Buxadé, acusó al nacionalismo catalán de haber creado una estructura institucional de corte totalitario en Cataluña. Solé criticó que se trivializara la cuestión totalitaria que “tanto sufrimiento había traído al continente europeo”.

La candidata del PP, Dolors Monserrat, aun suscribiendo las tesis críticas con el independentismo de PSOE, C’s y VOX prefirió, en la línea marcada por el nuevo viraje centrista marcado desde Génova, centrarse en los “logros del PP en Europa” en cuestiones como “ el fin del roaming, la PAC o la unión monetaria”.

La candidata de Unidas Podemos María Eugenia Rodríguez Palop prefirió centrar sus intervenciones en cuestiones estrictamente europeas como el drama de los refugiados, la lucha contra los paraísos fiscales europeos, un nuevo estatuto europeo del trabajo y un blindaje europeo de las pensiones públicas así como una defensa de la armonización fiscal europea. En una línea parecida se expresó el candidato Borrell que abogó por una “Europa que será social o no será”, prometió luchar contra la competencia fiscal entre los estados de la unión, defendió la necesidad de aprobar un seguro de desempleo europeo y una transición hacia una economía verde. Aspectos que el candidato de Compromís, Jordi Sebastià, consideró que el grupo socialista en la euro cámara había abandonado de su agenda política al aliarse con los populares y los liberales europeos.

 

Luis Garicano de C’s defendió un modelo neoliberal para Europa y denunció los cambalaches electorales de los grupos nacionalistas a la hora de elaborar sus listas, a lo que la candidata de una coalición por una Europa solidaria, Izaskun Bilbao, replicó destacando el carácter injusto de la circunscripción electoral única para las elecciones europeas, que penaliza a los partidos nacionalistas.

Otro de los momentos estrellas del debate vino de la mano de la cuestión de la migración en el que el candidato de VOX intentó criminalizar a las ONGS que ayudan a los migrantes a llegar a las costas de Europa, a lo que la candidata de Unidas Podemos calificó de infamia, destacando que ese tipo de insinuaciones han sido expresamente condenadas por el consejo europeo. El candidato de VOX también abogó por eliminar el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea que permite al consejo sancionar a los estados miembros que incumplan gravemente los principios en los que se basa la Unión Europea. Artículo que se ha puesto en marcha contra Hungría y Polonia, cuyos gobiernos, incumplen los acuerdos en materia de refugiados acordados en el seno de la Unión. Borrell defendió el acuerdo de la Unión Europea y Turquía en materia de refugiados, lo que motivó las críticas del resto de los candidatos progresistas en el debate

El tono del debate en general fue muy bronco, el tema catalán estuvo muy presente y quedo claramente evidenciado que ahora mismo en el panorama político europeo hay tres tendencias muy marcadas. Por un lado la versión light del consenso neoliberal que parecen suscribir socialistas, liberales y populares. Luego una apuesta por una Europa más social, verde, feminista y abierta a la migración que representan los partidos verdes, nacionalistas de izquierdas y partidos más a la izquierda. Por ultimo un bloque de partidos mucho más a la derecha que defienden una Europa de naciones estado soberanas, con una integración económica menor, con políticas muy restrictivas frente a la migración y que recelan de una transición hacia un modelo productivo sostenible, social e inclusivo.

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