Twizys en el aparcamiento de la factoría de Montaje en Valladolid.
Twizys en el aparcamiento de la factoría de Montaje de Renault en Valladolid.

Corría el año 2009 cuando el presidente de Renault España, Jean Pierre Laurent, se reunía con el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera y con el que era entonces Ministro de industria, Miguel Sebastián. Tras esa reunión, anunciaron unas ayudas públicas para la multinacional francesa Renault de 500 millones en 4 años, 70 de los cuales se destinarían al proyecto Twizy.

La semana pasada, sin embargo, la dirección de la empresa anunció lo que ya era un secreto a voces: el Renault Twizy dejará de fabricarse en la factoría de Valladolid para trasladar su producción a Corea. En su lugar, la nave ZE de la factoría de Valladolid se reconvertirá en una factoría de fabricación de baterías eléctricas para diversos modelos; en un principio, dará trabajo a unas 70 personas.

“¿Cómo van a actuar las administraciones al ver que parte del dinero que regalaron, vuela a miles de kilómetros?”, se pregunta el sindicato CGT ante el traslado de la producción a Corea. Tira de hemeroteca y recuerda que Renault España no se conformó con esos 500 millones de euros que venían de las arcas públicas. En el Primer Plan Industrial, denominado “Pacto por el Empleo y la Competitividad”, firmado por la Dirección de la Empresa y sus sindicatos (UGT, CCOO y SCP), la plantilla de Renault tuvo que aceptar la instauración de una nueva categoría de entrada, Especialista A especial, con un 77,5% del salario, que “incrementaba mas la precariedad económica para llegar al 100% del salario, quedándose en ese momento en cuatro años (actualmente son 5 años y medio)”, explica CGT.

También se pactó una congelación salarial, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo durante los peores momentos de la crisis y la creación de los Días de Competitividad (3 cada año), “lo que suponía 24 horas más de jornada anual por el mismo precio. Actualmente, ese tipo de días los seguimos padeciendo; vinieron para quedarse”, recuerda el sindicato antes de apuntar la peor de las consecuencias de aquel pacto por el empleo y la competitividad: “Un ERE para 500 personas de estructura. Supuso la destrucción de 500 puestos de trabajo. También supuso una sobrecarga de trabajo para el personal que continuaba en la empresa, al repartirse las tareas del personal que se marchaba”.

“¿Cómo van a ser compensados ahora los esfuerzos que hicimos la plantilla de Renault? ¿Cómo van a actuar las administraciones al ver que parte del dinero que regalaron, vuela a miles de kilómetros?”, acaba preguntándose el sindicato en el comunicado difundido.

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