El año pasado advertimos de que el balance de las Ferias y Fiestas de Valladolid en poco o nada podía diferir del que se hizo en años anteriores porque poco o nada ha cambiado el esquema y modelo de unos festejos que año tras año, salvo por los nombres, repite programación. Este año (otro más) pasa lo mismo.

Las cifras oficiales apuntan el paso de 180.000 personas solo por los conciertos de la Plaza Mayor, un mayor beneficio hostelero en la Feria de Día, niveles de ocupación hotelera del 85% en los fines de semana y un cálculo de 2 millones de euros de beneficio turístico… Y el equipo de Gobierno presume de haber programado una de las mejores fiestas de todo el país.

El éxito objetivo en cifras y el ‘orgullo patrio’, sin embargo, no pueden ser la venda que impida ver la necesidad de evolución, de introducción de novedad en un esquema que se repite año tras año y que limita la intriga por conocer la programación festiva a descubrir vía redes sociales los nombres propios que ocuparán el principal escenario de la ciudad.

La fórmula de sumar lo mejor de otros para mejorarlo priva de personalidad al programa festivo de una ciudad con elementos distintivos suficientes como para ser ella la que merezca la copia.

Como cada año, siempre que el tiempo lo permite, las últimas fiestas siempre son las mejores de la historia. Una acrítica visión que se conforma con más volumen de gente y gasto e impide la mejora con nuevas propuestas en otros espacios, primando calidad y reservando huecos a gustos sin cabida en los estándares de las programaciones para el gran público.

No sin dificultad por distinguirla de la realizada en años anteriores, el equipo de últimoCero hace de nuevo su particular valoración de lo mejor y lo peor de las Fiestas de Valladolid 2019.

LO MEJOR:

Sin incidentes. La práctica ausencia de incidentes y una considerable merma de las intervenciones por intoxicaciones etílicas en la ciudad es sin duda una de las mejores noticias que se pueden dar tras 10 días consecutivos de fiestas y miles de personas en la calle.

Conciertos internacionales. La apuesta Franz Ferdinand/Gloria Gaynor ha sido ganadora. La ciudad vibró el sábado con el rotundo directo de la banda de Glasgow y el primer domingo, Gaynor atrajo al suficiente público como para que fuera necesario restringir el acceso a la plaza desde las 23.30 horas, hecho que se repetiría con el dúo Camela.

Verbena Republicana. Un año más, y van 10, el Ateneo Republicano consigue descentralizar las citas ineludibles de la programación festiva. En esta ocasión Ley Mostaza, Loco Moretti, Los Perets y Los Niños de los Ojos Rojos fueron, junto a centenares de republicanos, ejemplo de calidad musical, compromiso socio-político y civismo. La plaza de Andrés Laorden quedó en el mismo estado que al inicio del acto y no sólo porque la organización tenga el empeño de que así sea; el público prácticamente no arrojó al suelo ni las colillas. Todo un ejemplo.

Música desde abajo. Las iniciativas musicales populares se han afianzado este año como una parte indispensable del programa. Pequeños festivales como el Morerock, FestiDagas, Se Dice Regue o los promovidos por Meraki, Espacio Joven o Fevepeñas, entre otros que se suman a la tradición de la Verbena Republicana, han ofrecido una variada programación a base de grupos locales y apuestas nacionales. Además, ubicados muchos de ellos en Moreras, han convertido este espacio en una nueva sede fija de actividades durante Ferias, logrando reducir notablemente el macrobotellón, apoyándose también en las actividades juveniles de ocio alternativo y sensibilización en esta área.

Cierre de Fiestas. La apuesta por mantener el cierre de los conciertos con música tradicional es buena, (con una modificación: adelantar una hora su comienzo; a las 21.30 horas comienza el desfile de mucha gente de la plaza mayor). Sin embargo, El Nuevo Mester de Juglaría, como antes Candeal, no debe tener la exclusividad de cerrar. Eliseo Parra, La Musgaña, Vanesa Muela o Carlos Soto, entre otros, también son acreedores de esta distinción.

LO PEOR:

Políticos en actos religiosos. Un año más, buena parte de la corporación (todos los grupos a excepción de Valladolid Toma la Palabra) ha participado en actos religiosos en calidad de representantes públicos. Una cosa es la política y otra la religión. La distinción entre una cosa y la otra debería estar clara en pleno siglo XXI y más para los concejales socialistas del Ayuntamiento.

Pañoleta. La pañoleta gigante con la que la Coordinadora de Peñas ha batido un tan inútil como novedoso récord Guiness, que servía para conmemorar su 25 aniversario e incluía la imagen dominante de una virgen. Su exhibición durante buena parte de la semana en el balcón del Ayuntamiento ha sido de un gusto cuestionable y una nueva irrupción en el espacio público de las creencias religiosas que pertenecen a la esfera privada, por más que el santoral sea la excusa para la fiesta.

Barrios olvidados. Por más que año tras año se trate de incrementar el número de actividades a desarrollar en los barrios, lo cierto es que el verdadero espíritu festivo se vive solo en el centro. La apuesta decidida por trasladar parte de la programación y el esquema festivo a los barrios no acaba de llegar.

Ejército ferial. El Ejército ha vuelto a ocupar este año todavía más espacio, si cabe, en la Feria de Muestras. Un lugar que no es el espacio adecuado para que el Ejército intente captar reclutas. Mucho menos para que carros o aviones de combate y distinto armamento se muestre como una atracción ferial al público infantil como ya insistimos el año pasado. La Educación para la Paz es necesaria y hay cosas que no ayudan y lo que es peor, no cambian.

Feria de Día. Las casetas se instalaron este año con una antelación innecesaria, muchas de ellas ocupando espacios que deben ser preservados de la suciedad y el ruido que generan. Además, las quejas por la relación calidad-cantidad-precio siguen aumentando, mientras las personas que temporalmente trabajan en sus casetas han visto reducido notablemente su sueldo desde que la iniciativa llegó a Valladolid.

Ecologismo a medias. Si bien la Verbena Republicana destacó por el civismo del público que dejó la plaza libre de basuras, eventos como el desfile de peñas o la fiesta electrónica de la Plaza Mayor fueron un lamentable ejemplo de lo contrario, con el suelo plagado de bolsas, vasos, botellas y todo tipo de desperdicios, principalmente plásticos. Una actitud que obliga a los servicios de limpieza a hacer un trabajo extra, los mayores sufridores de esta situación. En este sentido, la loable apuesta por los vasos reutilizables que funcionan con normalidad en algunos eventos no terminan de usarse en la Feria de Día, las casetas regionales u otros actividades. Y a la vista de la experiencia de estos años, no llegará hasta que de una vez se prohiba el menaje de un solo uso y se imponga el respeto al medioambiente.


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